ARBORARIA DEL PILON
Aventis

Debemos aprender de cada episodio de nuestra vida, asumamos realizar una crónica de nuestros actos para concebir una realidad que nos lleve por diversos motivos a tener un criterio apasionado de ese transitar existencial por el tiempo y no escatimar en dibujar un espiral, que nos encuentre en una vía de escape, que, nos permita despuntar en esas escenas apasionadas llevarnos a un tramo final escatimoso y, donde el antagonismo es una lenta agonía, que, para mí se cerró el 19 de marzo de 2010. Y, donde el resto de mi historia se perdió porque mi verdad se fue estructurándose en una sola parte y el de mi pareja en tres partes, donde una de ellas era falsa, como estimulada por una persona de su grupo familiar.
Cuando pequeño, mi vida no era confusa, siempre tenía el éxito enfrente de mí. Sabia combinar mi conciencia con el mundo para tal. Tenía que levantarme a las tres de la mañana para ir al liceo ubicado en Colón, Edo Táchira. Mis padres se encontraban en la termoeléctrica de una compañía generadora de luz en La Fría. Cada quince días nos dirigíamos a la hacienda en Caño Zancudo donde mis abuelos y hermanos de papá.. De verdad, un ambiente campestre.
Eloisa, era de poco hablar y los guardias nacionales me dejaban salir para verla haciendo tortas y era muy noviera, los transeúntes, bandoleros y camioneros la galanteaban y regalaban detalles traídos de Caracas. Los fines de semana preparaba unos guisos muy sabrosos que salteaban en el plato, pero, en la semana cenaba puras galletas proveniente de Cúcuta. El lunes, muy temprano se trasladaba al vecino país a ejecutar algunas compras y no podían faltar sus aderezos y dulcerías. El pequeño restaurante era el más vistoso de la región.
Solo tenía catorce años, mis amiguitos vivían engañados porque veían que esta docenlla se transfiguraba ante sus ojos, cuando lavaba a diario su ropa en el río chama y como era casi perfectible. Yo era el más privilegiado porque me dejaba entrar a su cuarto, totalmente arreglado y perfumado. Ni sus hermanos entraban en él. Hablaba muy bien el francés, idioma que me enseñó durante los años de mi estadía en ese eje andino, Su esencia, estaba en curar el alma por sus consejos y llevarme a los recitales de poesía, me paseo por toda Táchira y algunas veces apareció en el Tulio Febres Cordero para buscarme y no quedar aislado en la pensión donde almorzaba o dormía dos veces por semana, una existencia en sacrificio. Eloisa, también estudió como yo en un colegio de monjes, una atmósfera muy calamitosa para unos Seres que solo deseaban la libertad..
En el fondo, la vida comprende borrar las diferencias, encajar en un solo concepto de vida y no ser impostor jamás. Siempre he tenido un régimen y desconozco la palabra fracaso, Quizás un resultado de mi existencia fue insólito, pero, el asunto fue complicado por otros criterios, jamás de mi familia. Los entrometidos se encuentran demás en todo grupo.
La inocencia es un vago concepto de la realidad. Es un rumor disperso de una realidad que detona nombres para su entierro final.. Así fue Eloisa, un mundo visual con esquemas falsos de una interpretación no armoniosa de un hecho evidente, para, darnos un espacio volátil de lo contaminado del botín. Es mejor avanzar de una manera integra con una unidad del tiempo en nuestras manos. El ego debe quedar en el fondo del océano y aprender de la existencia que somos un espejo de nuestra propia ilusión.
